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sábado, 11 de diciembre de 2010

¿Por qué visitar la exposición de Alejandro Magno?

Porque han sido reunidas más de 300 piezas procedentes de museos de Europa y de Asia que, difícilmente, tendrás tiempo de visitar a menos de que te pongas a viajar ya.

Porque la vida y las hazañas de Alejandro Magno es uno de los episodios más fascinantes de la historia antigua. Debería ser conocido por todos, por lo logrado y por haber inspirado a futuros conquistadores, como Julio César o Napoleón.

Porque un recorrido por esta exposición anima a imaginarse cómo era la vida cotidiana en el siglo IV a.C gracias a las ánforas, cráteras y ritones que alberga, así como la arquitectura, la escultura y las artes decorativas del momento.

Fragmento de la Puerta de los Leones de Babilonia, en la exposición sobre Alejandro Magno


Porque es posible imaginar qué aspecto tenía la Puerta de los Leones de Babilonia gracias a un fragmento que ha sido traído de Berlín y que muestra un león en relive sobre ladrillo esmaltado. Un lujo para la vista.

Porque su comisario, el arqueólogo Martín Almagro, ha acertado en la disposición de las piezas, así como en la decoración de las salas que las acogen. Sobre un fondo azul y una iluminación acogedora, en ocasiones casi tenebrosa, las obras que el visitante se encuentra a su paso parecen, si cabe, aún más enigmáticas.

Porque, conscientes de que ha de ser una exposición didáctica, han sido repartidas varias pantallas de gran formato por el recorrido en el que se emiten recreaciones de la Babilonia conquistada por Alejandro, así como retazos de cómo funcionó su ejército.

Porque, por si quedaba alguna duda, las expediciones de Alejandro siguen siendo objeto de estudio y motivo de dicha para investigadores que aún recorren sus pasos, que lo hicieron llegar hasta tierras inexploradas hasta entonces, como la India, y deseadas como Egipto.

viernes, 4 de junio de 2010

Tutankamón no para

Vaya periplo el de Tutankamón. O más bien el de las copias de los sarcófagos, máscaras y adornos que componen su tesoro. Madrid acoge hasta octubre una exposición sobre el carismático faraón que ya ha pasado por Munich, Zurich y Barcelona y ha atraído a más de un millón de visitantes. Ubicada en la Casa de Campo y a las puertas del verano cabe preguntarse si en Madrid logrará el mismo éxito de acogida que en otras ciudades, ya que su situación no sólo es incómoda para turistas sino también para los madrileños.

Merece la pena porque, pese a que sean réplicas, la imaginación hace el resto y no todo el mundo puede permitirse un viaje al Museo de El Cairo para admirar las piezas originales, además de por su carácter didáctico. Pero el negocio es el negocio. El precio de la entrada supera a la de cualquier museo de la capital: de 10 a 18 euros la entrada general y de 18 a 22 euros si se prefiere una visita guiada. Incluye, además, una tienda en la que hasta el más reacio termina por comprar un marca páginas. Es más, para quien no le importe gastar, y ya es decir, tiene la posibilidad de encargar el libro “Un viaje secreto” del fotógrafo Sandro Vannini y textos de Zahi Hawass por 2.900 euros. Casi nada.

Para embarcarse en esta experiencia, que seguro resultará gratificante, prepárense para esperar largas colas, hartarse de calor y dejarse un dinerito. Y no olviden que lo que ven es sólo un mero reflejo de unas piezas originales que datan de 3.000 y 3.500 años de antigüedad.

Por cierto, ¿era necesario que la organización acentuara Tutankamón?